12.6.08

PRIMAVERA ABSURDA


Tengo a mi pobre ganso algo abandonado. Demasiado trabajo, una difícil adaptación a esta primavera absurda y pasada por agua... Estoy leyendo las entrevistas a autores del libro de The Paris Review traducido por Raquel, y William Faulkner dice: "Si el escritor se concentra en lo que tiene que interesarse, que es la verdad y el corazón humano, no le quedará mucho tiempo para nada más..." Últimamente cada vez suscribo más esa forma de entender la literatura y menos la de los escritores (muchos) que se interesan sólo por la tensión dramática, por jugar con el lenguaje, por las descripciones minuciosas o por la acción, y que desprecian todo lo demás como “sentimentalismo”. Sé que quizá esto vaya contracorriente, pero qué le vamos a hacer. Estoy un poco harta de esa escritura eficaz y funcional, puramente utilitaria. Y también de la pirotecnia sin alma, por muy intelectual que resulte. Quiero leer cosas verdaderas. ¿Es tan difícil?

27.5.08

PAVANA


Es muy posible que la música, como la literatura, no sirva, a fin de cuentas, para nada. Es muy posible que una pavana de Henry Purcell no aclare el sentido de la vida, ni nos ayude profesionalmente, ni nos permita ser mejores, más sabios, más fuertes, más ricos, más poderosos, ni siquiera más sanos. Es posible, sí, pero... ¿qué clase de vida sería una vida en la que hubiera que prescindir de las cosas que "no sirven para nada"?


(Obra de Gao Xingjian.)

23.5.08

SWAB 2008




15.5.08

AZUL SECRETO


No era brisa, ni era viento. Era como una respiración que alentaba en el azul profundo, secreto, de cada cosa.


Black Something, John Hoyland, 1990.

Nuevo tratado de armonía, Antonio Colinas, 1999.

12.5.08

ALMONDS, LEMON, LIQUORICE...

10.5.08

¡POR FIN LLUEVE!

5.5.08

DOS MUNDOS

Por un lado: refinamiento etrusco. Vasijas, armas, objetos domésticos, joyas hermosas y delicadas. Tantos tesoros juntos que apabullan, en una exposición bellamente presentada y muy didáctica.

Por otro lado: refinamiento románico. Tres focos, tolosano, pisano y catalán, de un mismo fenómeno artístico. Capiteles, retablos, esculturas, arquetas... Más y más tesoros apabullantes, bellamente presentados, en una exposición excelente y didáctica.

En dos días asistimos al despliegue de dos mundos lejanos en el tiempo y sin embargo muy cercanos a nuestra cultura, estrechamente emparentados con nuestro origen. Mucho que ver, mucho que recordar.





Prínceps etruscos. Entre Orient i Occident, Caixaforum, Barcelona.
El Romànic i la Meditarrània. Catalunya, Toulouse i Pisa. MNAC, Barcelona.

3.5.08

SÚBITO SILENCIO

Os acordáis. Los años aurorales
como el tiempo tranquilos, pura infancia
vagamente asistida por el mundo.

La noche aún materna protegía.
Veníamos del sueño, y un calor,
un sabor como a noche originaria
se demoraba sobre nuestros labios,
humedeciendo, suavizando el día.

Pero algo a veces nos solicitaba.
El cuerpo, y el regreso del verano,
la tarde misma, demasiado vasta.

¿En qué mañana, os acordáis, quisimos
asomarnos al pozo peligroso
en el extremo del jardín? Duraba
el agua quieta, igual que una mirada
en cuyo fondo vimos nuestra imagen.

Y un súbito silencio recayó
sobre el mundo, azorándonos.

Las Afueras
(IV) Jaime Gil de Biedma, 1959.
Chlorosis (fragmento), Marlene Dumas, 1994.

30.4.08

VALL DE BOÍ

23.4.08

COSECHA DE ABRIL

Ayer el editor Jorge Herralde decía en “El País”: “Sant Jordi ha muerto de éxito”. Y qué razón tiene, aunque yo sustituiría “Sant Jordi” directamente por “Barcelona”, así, en general, y la frase seguiría siendo válida. Sí, ya es imposible hacer cualquier cosa en Barcelona. Sí, es imposible salir a la calle el día de Sant Jordi y pasear tranquilamente, mirar libros, elegir, disfrutar. Y no sólo por el exceso de gente, sino también por el exceso de libros.
Y es que el exceso de oferta es una putada. Si hay poco, piensas que te estás perdiendo cosas. Pero si hay demasiado no puedes abarcarlo todo y te quedas paralizado. Me pasa con la comida (si hay demasiada, se me cierra el estómago y no comería nada de nada) y me pasa con los libros. Demasiados libros es como demasiada ropa: o te gusta todo, y como no te lo puedes comprar todo te frustras un montón y te sientes enormemente culpable por ser tan consumista, o no te gusta nada y te frustras un montón porque crees que nadie comparte tus gustos y nunca encontrarás nada que te satisfaga...

Por eso salgo este día (sí, creo que merece la pena comprar libros con cualquier excusa, a pesar del gentío) con mi lista ya hecha. He vuelto a casa con mis libros atípicos, nada mediáticos, meditados. Primero me he comprado El Gran Vidrio del escritor mexicano Mario Bellatín, experimental y breve. También un “tocho” de sociología de Pierre Bourdieu que me llamaba la atención, La distinction, subtitulado Critique sociale du jugement. Un librito que no tenía previsto pero al que ya había echado el ojo: El paseante solitario de W.G. Sebald (“En recuerdo de Robert Walser”). Y por último el libro de regalo: El Goloso. Una historia europea de la buena mesa, del conde de Sert, para mi cocinero favorito.

(Efectivamente: el Ganso, como es goloso y tiquismiquis, sólo compra libros en su idioma original, si es posible, y si no queda más remedio porque desconoce el idioma original, traducidos por alguien que le inspire confianza; en el caso de la cosecha de hoy, Miguel Sáenz).