27.9.06

EL GANSO EN EL PUPITRE

"Razón retomó entonces la palabra:
-¡Levántate, hija mía! Salgamos sin tardanza hacia el Campo de las Letras. Es allí, en aquel país rico y fértil, donde será fundada la Ciudad de las Damas, allí donde se hallan mansos ríos y vergeles cargados de fruta, donde la tierra produce buenas y abundantes cosas. Coge la azada de tu inteligencia y cava hondo. Por donde veas el trazado de mi regla, cava un foso profundo, yo te ayudaré cargando la tierra en cestas que llevaré a hombros."


La ciudad de las damas, Cristina de Pizán, edición de Marie-José Lemarchand, Siruela, 1995.
Ilustración: Cristina en su estude. Le livre de la Cité des Dames, ms. Harley 4.431, fol. 4, British Library, Londres.

20.9.06

MIEDOS: LA ESPERANZA (3)


















A veces sales a la calle y lo entiendes. Entiendes la pasión sin sentido del flâneur, esa emoción ilimitada que mueve los pasos del paseante sin rumbo fijo, de calle en calle, de aquí para allá, y luego un poco más lejos, y un poco más, y un poco más... Una extraña euforia se apodera de ti, aunque las calles son las mismas de siempre y los turistas siguen ocupando las aceras y las Ramblas, pobladas de estatuas vivientes, sonidos, colores y estrépitos, abrasadas por el inclemente sol veraniego, siguen siendo, como siempre, un tránsito agobiante, un vía crucis del paseo ocioso, un lugar tan vivo que la vida ya no tiene cabida en él. Pero a pesar de todo, la extraña euforia se apodera de ti y respiras hondo, y te dejas arrastrar por la marea humana, y al levantar la vista hacia los árboles ves las hojas ya algo castigadas por el calor, ya a punto de amarillear otra vez, y comprendes que el ciclo se repite también ahí, inmutable. Nunca es lo mismo y siempre es lo mismo. Otra vez se acerca el otoño.

Sean Scully, Curaçao, 1997.

16.9.06

LA VIDA ES TOZUDA


"La espera y el olvido, la ignorancia y el pensamiento afirmaban aquello que no se dejaba esperar en la espera, lo que no se dejaba olvidar en el olvido, lo que la ignorancia no ignoraba, lo no pensado del pensamiento.
El presente que les haría el olvido: la presencia libre de todo presente, sin relación con el ser, apartada de todo lo posible y de todo lo imposible."


La espera el olvido, de Maurice Blanchot (la versión es mía).

13.9.06

HOMENAJE A COROT


Al crítico Peter Campbell, en su artículo del London Review of Books, le sorprende que se pueda contemplar a Corot con "intensidad". Lo define como un pintor "de factura pulcra y frugal", y bromea con bastante sorna sobre el homenaje que le rinde Hodgkin, que le parece "el húmedo acercamiento de un perro amistoso a un visitante reservado."
Muchos críticos de otras épocas emparentaron a Corot con el neoclasicismo y alabaron sus paisajes ideales, arcádicos, algo relamidos incluso, si se quiere. Tuvo mucho éxito en los salones de su época. Se le consideró un precursor del
impresionismo. Se comparó su influencia nada menos que a la de Cézanne. Fue admirado por muchos pintores nada mediocres, incluido Cézanne y llegando hasta Picasso. Sin embargo, muchos críticos modernos no entienden ese interés y ese entusiasmo.
Hodgkin, en eso, resulta especial. También a él hay quien lo considera un pintor "decorativista", quizá por el reducido tamaño y el vivo colorido de sus obras (claro, es verdad, las obras de Hodgkin quedarían muy bien encima de cualquier chimenea...) Se interesan más por él algunos escritores que los propios pintores...
Pero no sé, siempre tengo la sensación de que detrás de la frugalidad de Corot se esconde algo más, algo que no sabría definir. Y después de ver la exposición retrospectiva de Hodgkin en Londres (que, por cierto, viajará al MNCARS de Madrid próximamente, por si a alguien le interesa) tengo la certeza de que las obras
de Hodgkin no son, ni mucho menos, cuadros bonitos para encima de las chimeneas.

Jean-Baptiste Camille Corot, El tronco inclinado.
Howard Hodgkin, Homenaje a Corot.

10.9.06

MIEDOS: EL RESCATE (2)

Las fauces de las farolas devoran la noche y protegen bajo su dosel de mercurio a los transeúntes despistados que sacan a pasear a sus perros cuando las calles se despueblan. Esa disposición sincopada de las luces, ese parpadeo constante del semáforo, rojo, verde, amarillo, nos salvan de la cueva y el barro.
Esas hileras que se confunden a lo lejos, ese enjambre de postes erguidos, de lianas eléctricas, nos separan de la noche y el aullido, de la soledad animal.
Esa disposición perfecta de los campos y los ríos por donde circulan el acero y la goma nos aleja de los zuecos y las abarcas, del pedregoso senderear por los campos helados, por los montes yermos y sin luz.
Los rebaños acorazados, brillantes e innumerables, nos separan ya para siempre del miedo pegado a la nuca, del sudor en los costados, de la sangre en la boca, de los pies lacerados, del pecho estremecido de dolor, de la persecución y el acoso.
Antes el miedo era siempre animal, imprevisible, orgánico, vulnerable.
Ahora ese miedo ya no existe, todo transcurre ordenadamente; todo es geométrico, simétrico, matemático...

7.9.06

RELATOS DE PATAGONIA

Repertorio terrestre
Tierra volada, tierra que pica en los ojos, terrones chicos que sacuden la mañana a velocidad de rayos, tierritas en los ojos de los tataranietos del cacique Quilchamal que se volverán rocas, tierra sin fin, arena que el agua no moja, terracota cuarteada por soles infinitos, arenita que los pies pisan hasta tocar el borde helado del mar, granos molidos de rocas y conchas marinas que cruzan la ruta para pulir los vidrios y los rostros que lucirán como lija ante los besos, tierra gruesa que pasa bajo las puertas y encuentra tu corazón.
(Gobernador Gregores)


En Música desconocida para viajes, de Cristian Aliaga, incluido en Relatos de Patagonia (prólogo, selección y posfacio de María Sonia Cristoff). Editorial Cántaro - Lectores en Viaje, Colección Geografías literarias, Buenos Aires, 2005.

En este volumen de cuentos sobre la Patagonia que me trajo Raquel de Buenos Aires he encontrado muchas curiosidades, como los relatos de Alejandro Winograd y Cristian Aliaga, por ejemplo, o las alusiones al sur como lugar de desolación, frialdad y páramo, cuando aquí lo asociamos precisamente a todo lo contrario, o las ilustraciones que se incluyen al final del viaje del Beagle, reproducción de los originales del Relato de los viajes de relevamiento de los barcos de Su Majestad "Adventure" y "Beagle" entre los años 1826 y 1836, de FitzRoy, King, Stokes y Darwin.

6.9.06

VACACIONES

Pues sí, hace ya tanto tiempo que hicimos las vacaciones que ya casi ni nos acordamos, y además se nos hicieron muy cortas, como siempre pasa con las vacaciones, pero nos sirvieron para desconectar, que es muy necesario, y también para cambiar de aires durante unos días y al menos no estar en casa haciendo lo mismo de siempre, y para cargar las pilas, y así cuando vuelves empiezas a trabajar con más ganas, y además hacerlas en julio es estupendo, porque en realidad haces dos meses de vacaciones, julio y agosto, que prácticamente no se trabaja porque no hay casi nadie y se está la mar de bien con el aire acondicionado en la oficina, y la ciudad esta vacía y tienes las calles todas para ti y aparcas donde quieres, aunque eso sí, todas las panaderías del barrio están cerradas y para ir a comprar el periódico tienes que recorrer un montón de calles, pero este año parece que se ha quedado más gente en agosto, eso ya está cambiando, se nota mucho, aunque es una lástima que cada vez haga más calor por lo del cambio climático, porque antes el calor nunca empezaba tan pronto ni duraba tanto y claro, así hay tantos turistas, que este año parece que hay más que nunca...

2.9.06

MÁSCARAS

No me quería perder la exposición Picasso, l'home de les mil màscares en el Museo Barbier-Mueller (acaba mañana) y he ido esta mañana. El día era nublado y bochornoso. La calle Montcada estaba invadida por una cola interminable de turistas que esperaban para entrar en el museo Picasso. En el Barbier-Mueller, nadie. Absolutamente nadie. Las salas vacías para mí. He disfrutado intensamente de las extrañas, inquietantes y bellas máscaras de todas las épocas y continentes acompañadas de cuadros, cerámicas y esculturas de Picasso, un viaje muy interesante y que me ha suscitado algunas reflexiones:
La máscara no es un disfraz, sino la esencia de lo que somos: la cara, el alma, los mínimos rasgos que nos definen, los huecos de los ojos y la boca, la visión, la palabra, lo humano.
Puede ser también disfraz, pero que no oculta sino que transparenta. En la máscara se refleja amplificado lo que hay detrás, pero lo que hay 'de verdad' dentro de ojos, boca y humanidad. Así aparece lo monstruoso y complejo, o lo sencillo y angelical.
La máscara forma parte de un ritual muy antiguo, pero que al mismo tiempo no tiene edad ni caducidad, y que se reproduce siempre, y que es transformarse en otro y poseer al otro, o ser poseído por otro y convertirse en él.

La máscara puede ser aterradora, pero también pura caricatura. No es extraño que sedujese a Picasso...

Ilustración: Máscara frontal, República Democrática del Congo, Kasai Oriental, pueblo luluwa (del catálogo de la exposición, un verdadero lujo con unas fotografías espléndidas y textos muy cuidados).

29.8.06

MIEDOS: EL RECUERDO (1)

A veces notamos una sensación de desajuste, una sensación discordante que no sabemos cómo tomar. Hay un tiempo en el que se hunden las raíces de nuestra vida. Cuál es, no lo sabemos. Sólo que es anterior, muy anterior. Los ojos, ya no inocentes, tienen conciencia de que hubo otros tiempos, y ese recuerdo imposible (algo grabado en nuestra carne y que sin embargo desconocemos) duele ya de forma irremediable, eterna. No quisiéramos saberlo, pero, ¿cómo evitarlo? Una vez sabido, ese tiempo antiguo de un invierno glacial entre muros de piedra, de hierba recién cortada y de cielo tormentoso en el valle viene a mezclarse con las aceras y las calzadas llenas de coches, y algo muy extraño, una colisión sorda y terrible, convierte los caminos cotidianos de la ciudad en una espantosa ciénaga donde cada paso es un peligro.
Nos asaltan recuerdos imposibles de enormes casonas llenas de ecos y ruidos; durante siglos, nos dormimos con el sonido del ulular del viento y la lluvia violenta repiqueteando en el tejado.
Pasos misteriosos, gruñidos, tormentas, llamas, agua fría.
Ahora que todas las sensaciones se viven diferidas a través de pantallas y otras figuraciones mecánicas, un repeluzno de espanto nos eriza la piel esos días extraños en los que el pasado irrumpe de pronto, como una pesadilla antigua, con las sensaciones vivas y crudas, sin pulir.
Casi podríamos alcanzar con la mano esa herida, ese tiempo desgajado, y palpar la aspereza de la tela basta que roza la piel, y oír el chirrido del metal sobre la piedra y oler a fuego extinguido.
Sin embargo, se trata de una sensación ilusoria. El desligamiento es total. No se puede regresar al útero. Vivimos hace innumerables siglos. Esta terrible condena al presente es el colmo del dolor, el colmo de la soledad entre ráfagas tristes, como si lloviera sobre un coche abandonado.

17.8.06

EL RUMOR DEL OLEAJE

Shinji es un joven pescador que vive en la minúscula isla de Utajima, un lugar bello y salvaje, donde la naturaleza aún permanece en un estado prístino. Un día, volviendo de faenar en el Taihei-maru, ve una joven desconocida en la playa que está ayudando a sacar a la orilla las barquitas de los pescadores... Al día siguiente se entera de que la muchacha es Hatsue, la hija de un rico propietario. Los dos jóvenes se encuentran por casualidad en una antigua torre de guardia abandonada y días después se citan en aquel mismo lugar. Amanece un día de lluvia, negro y tormentoso, y Shinji no puede salir a pescar, pero el tiempo le parece magnífico. Tiene ganas de cantar y saltar, y el tiempo que transcurre hasta la hora de su cita se le hace eterno.
Llega a la torre empapado, enciende una hoguera y se quita la ropa para secarla. Al entrar en calor se queda dormido, y cuando despierta ve una muchacha desnuda: es Hatsue.
Los amantes se abrazan y fuera la tormenta sigue desatada.
"De vez en cuando, el fuego moribundo crepitaba un poco. Oían ese sonido y los silbidos del viento al pasar ante las altas ventanas, todo ello mezclado con los latidos de sus corazones. A Shinji le parecía como si el conjunto formado por esa sensación incesante de embriaguez, el confuso retumbar de las olas en el exterior y los ruidos de la tormenta entre las copas de los árboles, siguiera el ritmo violento de la naturaleza. Y la sensación imperecedera de una felicidad pura y sagrada formaba parte de esa emoción."


El rumor del oleaje, Yukio Mishima. Traducción de Keiko Takahashi y Jordi Fibla.