Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas

15.8.08

ALAS DE LIBROS











Los libros viejos y polvorientos alimentaron nuestra niñez, como los libros nuevos alimentan la edad madura. Estos libros de ahora no se pueden leer de un tirón, como los de antes. Es imposible. Ya no se puede volver al mundo fragante y embriagador que habitaba dentro de aquellos libros polvorientos: el el capitán Flint, el tigre de Malasia, barcos y burdeles de China con cortinas de cuentas y fumaderos de opio, jinetes y monturas y lanceros bengalíes, tesoros y abordajes, moais, desfiladeros, caníbales, arrecifes de coral, brebajes y turbantes, jarcias y baupreses...


Anselm Kiefer, Buch mit Flügeln, 1992-1994.

23.4.08

COSECHA DE ABRIL

Ayer el editor Jorge Herralde decía en “El País”: “Sant Jordi ha muerto de éxito”. Y qué razón tiene, aunque yo sustituiría “Sant Jordi” directamente por “Barcelona”, así, en general, y la frase seguiría siendo válida. Sí, ya es imposible hacer cualquier cosa en Barcelona. Sí, es imposible salir a la calle el día de Sant Jordi y pasear tranquilamente, mirar libros, elegir, disfrutar. Y no sólo por el exceso de gente, sino también por el exceso de libros.
Y es que el exceso de oferta es una putada. Si hay poco, piensas que te estás perdiendo cosas. Pero si hay demasiado no puedes abarcarlo todo y te quedas paralizado. Me pasa con la comida (si hay demasiada, se me cierra el estómago y no comería nada de nada) y me pasa con los libros. Demasiados libros es como demasiada ropa: o te gusta todo, y como no te lo puedes comprar todo te frustras un montón y te sientes enormemente culpable por ser tan consumista, o no te gusta nada y te frustras un montón porque crees que nadie comparte tus gustos y nunca encontrarás nada que te satisfaga...

Por eso salgo este día (sí, creo que merece la pena comprar libros con cualquier excusa, a pesar del gentío) con mi lista ya hecha. He vuelto a casa con mis libros atípicos, nada mediáticos, meditados. Primero me he comprado El Gran Vidrio del escritor mexicano Mario Bellatín, experimental y breve. También un “tocho” de sociología de Pierre Bourdieu que me llamaba la atención, La distinction, subtitulado Critique sociale du jugement. Un librito que no tenía previsto pero al que ya había echado el ojo: El paseante solitario de W.G. Sebald (“En recuerdo de Robert Walser”). Y por último el libro de regalo: El Goloso. Una historia europea de la buena mesa, del conde de Sert, para mi cocinero favorito.

(Efectivamente: el Ganso, como es goloso y tiquismiquis, sólo compra libros en su idioma original, si es posible, y si no queda más remedio porque desconoce el idioma original, traducidos por alguien que le inspire confianza; en el caso de la cosecha de hoy, Miguel Sáenz).

22.1.08

EL OTRO

Tras una cita de Flaubert (pour qu’une chose soit interessante, il suffit de la regarder longtemps) las fotos de María Espeus en el libro El otro / The other son una búsqueda de la belleza en los rincones más insospechados, por una parte. El blanco y negro a cuchillo, las calles desiertas por una vez, insólitamente desiertas en medio de la noche, a esa hora intempestiva en la que todo se vacía y sólo queda el pavimento, la pared, la farola, la oscuridad, adiós. Por otra, un homenaje de amor a un barrio estigmatizado y poco conocido como proveedor de belleza en estado puro, homenaje de amor a sus rincones y también a su gente variopinta y bella, con un estilo sobrio y muy personal. Y por otra parte tampoco pueden escapar a la melancolía arrasadora de ser un catálogo de imágenes que dan fe de una época y un lugar que ya no existe o que está a punto de desaparecer, acuciado por la urgencia de recoger lo que pronto se desvanecerá y no será más que recuerdo, como las imágenes cotidianas y sin embargo impregnadas de una tremenda nostalgia del París inexistente de Atget.

El otro / The other
El Raval (Barcelona)

17.12.07

ABRIR UN LIBRO









Abrir un libro. Abrir el tapón de la botella donde está encerrado el genio. Abrir la tapa de la caja de Pandora. Abrir el cofre del tesoro. Abrir la puerta a una habitación desconocida. Abrir la ventana a un paisaje extraño. Abrir los ojos.

28.9.07

AMOR LÍQUIDO

Leo Amor Líquido de Zygmunt Bauman, prestado por Raquel, y me decepciona un poco al principio, lo encuentro algo previsible. La primera parte, titulada “Enamorarse y desenamorarse” quiere ser un diagnóstico del estado de los sentimientos y las relaciones amorosas en nuestra época, pero más bien le ha salido un pequeño sermón, como el que endilgaría un maestro benévolo a esos chicos díscolos, seducidos por internet y los móviles, incapaces de tomarse en serio las relaciones, los hijos, la familia...

Luego, en los siguientes apartados, habla de cosas más interesantes. Por ejemplo, en “Sobre la dificultad de amar al prójimo” habla de la necesaria espontaneidad de los actos morales y la “obediencia a la demanda ética” (citando a Lögstrup y Levinas). También expone la idea de “mixofobia” que ha configurado la expansión demográfica reciente de Estados Unidos en zonas residenciales dispersas, diseñadas específicamente para no verse y no mezclarse con otras personas, un modelo absurdo que, por desgracia, la influencia americana está exportando a todo el mundo occidental. En el apartado “La unión desmantelada” toca uno de los temas más espinosos e interesantes del libro: el de los refugiados. Define los campos de refugiados como auténticos vertederos humanos adonde van a parar los desechos de la soberanía territorial moderna, esos seres sobrantes. Una frase reveladora: “Uno se pregunta hasta qué punto los campos de refugiados no son laboratorios (no deliberados quizás, pero no por eso menos reales) donde se prueban y ensayan los nuevos patrones de vída líquidos de 'permanencia de lo efímero'”. Aunque en las últimas páginas citando a Hanna Arendt deja abierta una mínima posibilidad de esperanza, la verdad es que Bauman no es demasiado optimista acerca del futuro.

24.8.07

DELICIAS TURCAS


Es curioso. Estoy acabando de leer Estambul, de Orhan Pamuk y encuentro por casualidad en la web la obra de una joven pintora turca, Gülten Imamoglu, que me parece muy interesante. Sus obras, de un colorido brillante, se inspiran en los fractales y en elementos de la naturaleza. Vale la pena visitar la galería de sus obras, donde se puede ver la evolución de su trabajo desde el año 2000 y disfrutar de las imágenes.

Pamuk retrata Estambul usando descripciones como la del hombre que vendía postales “desde hacía cuarenta años en la misma esquina”. No es que sea ilegítimo utilizar a un ser humano de la misma forma que una fuente o un edificio porque es verdad, el vendedor de postales forma parte de la ciudad y su utilización literaria no le envilece ni le sustrae nada. Pero también es verdad que para la vida de ese hombre la descripción melancólica de la ciudad usando el pintoresquismo de algunos de sus habitantes no significa nada, ni le aporta nada, y que sólo vende postales para ganarse la vida, y seguramente su vida se compone de una serie de gestos repetidos y vulgares en los que su ciudad no es más que un telón de fondo como otro cualquiera ni melancólico ni amargo ni especialmente significativo.
¿Quiere decir eso que la percepción que tenemos de la ciudad es falsa, que la capacidad evocativa de las palabras se basa en hechos falsos? No. Como bien dice el propio Pamuk, más que la serie de acontecimientos o huellas materiales que normalmente se acumulan al azar, lo que define de verdad a una ciudad es el recuerdo que tenemos de ella, lo que nos ha ocurrido en sus calles, lo que nos evoca, y que nunca puede desaparecer aunque desparezcan los propios edificios o las propias calles. Así, Pamuk recordará al hombre que vendía postales mucho después de que éste haya muerto y nos lo traerá al recuerdo como rasgo evocador, para que nosotros lo vivamos también.

Escribir es siempre, por tanto, y en cierto modo, decir: me acuerdo...

20.8.07

PURO TEATRO

“Amor, tan sólo amor, y ya más nada.
Pues de amor toca el arco
a ciervo y cierva de un flechazo
con punta que atosiga,
y aunque no causa herida,
aguza más la llaga.


Lloran los amantes: “Mirad, se mueren”.
Mas la herida que matar debía,
torna la muerte en risa,
y el moribundo amor revive;
muriendo un rato, luego ríe,
con gemidos que son gritos alegres.”


Acto III, escena 1ª, Troilo y Crésida, William Shakespeare, traducción de Luis Cernuda.


Para más información sobre la edición del Teatro completo de William Shakespeare, ilustrado por Jaume Plensa, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores (2007), ver la reseña de Luisa Miñana en su blog Pandeoro.

1.5.07

BARDÍN


Este Bardín el Superrealista (cosecha de Sant Jordi) es el libro de Max que ha ganado casi todos los premios del último Saló del Cómic de Barcelona (mejor obra del 2006, mejor dibujo, mejor guión...) Es una recopilación de historietas del mismo personaje aparecidas en diversos medios a lo largo de los años, una edición preciosa. A mí no me apasiona el surrealismo y lo daliniano me da dentera, pero sí me atrae este “superrealismo” tan especial de Max, las disquisiciones filosóficas y metafísicas de Bardín y su amigo que se llama nada menos que Cirlot... Me ha gustado especialmente el último episodio, “El ruido y la furia”. Hablando de cómics, recomiendo el estupendo blog de Álvaro Pons: La cárcel de papel.

7.9.06

RELATOS DE PATAGONIA

Repertorio terrestre
Tierra volada, tierra que pica en los ojos, terrones chicos que sacuden la mañana a velocidad de rayos, tierritas en los ojos de los tataranietos del cacique Quilchamal que se volverán rocas, tierra sin fin, arena que el agua no moja, terracota cuarteada por soles infinitos, arenita que los pies pisan hasta tocar el borde helado del mar, granos molidos de rocas y conchas marinas que cruzan la ruta para pulir los vidrios y los rostros que lucirán como lija ante los besos, tierra gruesa que pasa bajo las puertas y encuentra tu corazón.
(Gobernador Gregores)


En Música desconocida para viajes, de Cristian Aliaga, incluido en Relatos de Patagonia (prólogo, selección y posfacio de María Sonia Cristoff). Editorial Cántaro - Lectores en Viaje, Colección Geografías literarias, Buenos Aires, 2005.

En este volumen de cuentos sobre la Patagonia que me trajo Raquel de Buenos Aires he encontrado muchas curiosidades, como los relatos de Alejandro Winograd y Cristian Aliaga, por ejemplo, o las alusiones al sur como lugar de desolación, frialdad y páramo, cuando aquí lo asociamos precisamente a todo lo contrario, o las ilustraciones que se incluyen al final del viaje del Beagle, reproducción de los originales del Relato de los viajes de relevamiento de los barcos de Su Majestad "Adventure" y "Beagle" entre los años 1826 y 1836, de FitzRoy, King, Stokes y Darwin.

17.8.06

EL RUMOR DEL OLEAJE

Shinji es un joven pescador que vive en la minúscula isla de Utajima, un lugar bello y salvaje, donde la naturaleza aún permanece en un estado prístino. Un día, volviendo de faenar en el Taihei-maru, ve una joven desconocida en la playa que está ayudando a sacar a la orilla las barquitas de los pescadores... Al día siguiente se entera de que la muchacha es Hatsue, la hija de un rico propietario. Los dos jóvenes se encuentran por casualidad en una antigua torre de guardia abandonada y días después se citan en aquel mismo lugar. Amanece un día de lluvia, negro y tormentoso, y Shinji no puede salir a pescar, pero el tiempo le parece magnífico. Tiene ganas de cantar y saltar, y el tiempo que transcurre hasta la hora de su cita se le hace eterno.
Llega a la torre empapado, enciende una hoguera y se quita la ropa para secarla. Al entrar en calor se queda dormido, y cuando despierta ve una muchacha desnuda: es Hatsue.
Los amantes se abrazan y fuera la tormenta sigue desatada.
"De vez en cuando, el fuego moribundo crepitaba un poco. Oían ese sonido y los silbidos del viento al pasar ante las altas ventanas, todo ello mezclado con los latidos de sus corazones. A Shinji le parecía como si el conjunto formado por esa sensación incesante de embriaguez, el confuso retumbar de las olas en el exterior y los ruidos de la tormenta entre las copas de los árboles, siguiera el ritmo violento de la naturaleza. Y la sensación imperecedera de una felicidad pura y sagrada formaba parte de esa emoción."


El rumor del oleaje, Yukio Mishima. Traducción de Keiko Takahashi y Jordi Fibla.

1.8.06

LOS TÁRTAROS


"Así comenzó aquella noche memorable, atravesada por los vientos, entre vaivenes de linternas, insólitas cornetas, pasos en los zaguanes, nubes que bajaban atropelladamente del norte, se enganchaban en las cimas rocosas dejando pegados en ellas jirones, pero no tenían tiempo de pararse, algo muy importante las llamaba.
Había bastado un disparo, un modesto disparo de fusil, y la Fortaleza se había despertado. Durante años había habido silencio (y ellos siempre orientados al norte para oír la voz de la guerra inminente), un silencio demasiado prolongado. Ahora un fusil había disparado (con la carga de polvo prescrita y la bala de plomo de treinta y dos gramos) y los hombres se habían mirado recíprocamente como si aquella fuera la señal.
Es cierto que tampoco esta noche nadie, salvo algún soldado, pronuncia el nombre que está en el corazón de todos. Los oficiales prefieren callarlo porque justamente ésa es su esperanza. Por los tártaros han alzado las murallas de la Fortaleza, consumen allá arriba grandes porciones de vida, por los tártaros los centinelas caminan noche y día como autómatas. Unos alimentan esa esperanza con nueva fe cada mañana, otros la conservan oculta en lo más hondo, otros ni siquiera saben que la poseen, creyendo haberla perdido. Pero nadie tiene el valor de mencionarla; parecería un mal augurio, y sobre todo parecería confesar los propios y más queridos pensamientos, y a los soldados eso les avergüenza."


El desierto de los tártaros, Dino Buzzati, traducción de Esther Benítez.

15.5.06

LOS AFORISMOS BUENOS

Hace unos años conocí y traté brevemente a una mujer que quería ser escritora. La verdad es que no escribía mal, sabía expresarse, aunque sus escritos carecían por completo de interés. Pero lo peor es que tenía la rara habilidad de pensar exactamente lo contrario de lo que yo pensaba en todo, y de expresar sus ideas con tal prepotencia y desdén que me producía unas irrefrenables ganas de estrangularla. Recuerdo que le comenté que me había gustado un libro de aforismos que acababa de leer y ella me soltó: "ah, sí, claro, aforismos... Bueno, si nos ponemos, todos podríamos escribir unos cuantos, ¿verdad?"
Claro, desde luego, todos podríamos escribir unos cuantos poemas. Y unas cuantas narraciones. Y unos cuantos aforismos también, sobre todo eso, ¡son tan cortitos, es tan fácil! Malos, eso sí, rematadamente malos...
Como dice Jorge Wagensberg, "el dudoso prestigio de los aforismos procede de la facilidad con la que se logra un aforismo malo".
Pero los suyos son buenos:
"No sé qué es la felicidad, pero sí la infelicidad: una insatisfacción creativa".
"La diferencia entre un depredador y una presa es que el primero se puede permitir un fallo".
"Educar no es llenar sino encender".
"Los árboles no dejan ver el bosque, de acuerdo, pero talarlos no resuelve el problema".
"Unos creen en la disyuntiva Ciencia o Cultura, y otros en la disyuntiva Ciencia o Humanidades, por lo que un científico, en general, no sabe bien qué preferir, si no ser culto o si no ser humano".
"Si toda comparación es odiosa, entonces habría que ir odiando también la inteligibilidad, el conocimiento, el lenguaje, la justicia, la medida, el cambio, la convivencia, la clasificación, la belleza..."

A más cómo, menos por qué. 747 reflexiones con la intención de comprender lo fundamental, lo natural y lo cultural, Jorge Wagensberg, Tusquets, 2006.

15.9.05

SUITE FRANÇAISE



Suite française es una obra inacabada. No es que a Irène Némirovsky se le acabase la inspiración, no. Es que fueron a buscarla a su casa y se la llevaron. Era el 13 de julio de 1942, y ella nunca volvió (murió en Auschwitz). Después, aquel cuaderno en el que escribía cuando desapareció quedó oculto en la maleta de su hijita Denise, atravesó con ella media Francia y durmió luego durante años en manos de una huérfana que no se atrevía a abrirlo porque le resultaba demasiado doloroso.
Publicada al fin (¡tantos años después!) esta obra que es sólo un fragmento, el inicio de un proyecto truncado, nos muestra la huida en desbandada de diversos personajes en la Francia inmediatamente anterior a la invasión alemana (Tempête en juin). Después, en Dolce, los alemanes ya se han instalado en todas partes y se inicia una difícil convivencia, en la que el amor y el odio se hallan íntimamente entremezclados, entre los soldados y la población sometida
Lo primero que atrae la atención, desde luego, es saber que ella nos está relatando los hechos casi "en tiempo real". A esa luz, una historia que ya de por sí es dura resulta casi insoportable.
Pero no hay que leer esta obra por su historia triste y accidentada. No hay que leerla por eso. Hay que leerla porque está magistralmente escrita, porque la ironía y el dolor no ensombrecen en ningún momento un estilo riguroso, detallista, minucioso, que recrea con una precisión implacable las pequeñas y grandes miserias de gentes de toda condición, mostrando sin truculencias, desvelando sin caer en lo tópico, con una clarividencia tal que se nos clava en el alma.


Sobre Irène Némirovsky:
http://perso.wanadoo.fr/guillaumedelaby/in_index.htm
http://www.losnoveles.net/deshollinadora1.htm
http://perso.wanadoo.es/joan-navarro/varia/varia2/medel.htm
http://noticias.hispavista.com/cultura/20050803121351/Salamandra-editara-Suite-francesa-de-Irne-Nemirovsky-que-recibio-un-premio-60-anos-despues-de-la-muerte-de-la-autora/

15.7.05

EL PINTOR VIAJERO


Tengo la sensación de aceleración, de torbellino, después de leer este libro. Y no se debe a la prosa de César Aira, que es casi morosa en su recreación pictórica del episodio. Quizá sea porque lo he leído de un tirón, con esa especie de bulimia lectora que me ataca a veces. Coger un libro y empezar a leerlo y seguir, seguir, seguir y seguir hasta acabarlo, venciendo calambres y dolor de cabeza, con un ansia enfermiza de pasar todas las páginas una por una, sin parar, sin parar...
La sensación final es de ingravidez, hasta de una leve náusea. Es imposible asimilar lo leído con tanta rapidez, y por tanto queda formando una nebulosa extraña que enturbia la mente y que a lo largo de las horas siguientes se va asentando poco a poco. También la trama, con la extraña vorágine del ataque indio que concluye la acción, produce ese mismo efecto de succión, de inevitabilidad y de inminencia.
Pero el episodio está muy bien narrado, con inteligencia y humor negro, y además trata de dos temas que me interesan mucho: la relación entre literatura y pintura y el proceso creativo...

La imagen es una de las ilustraciones interiores del libro, obra de Johan Moritz Rugendas (el pintor viajero).

Un episodio en la vida del pintor viajero, César Aira, Mondadori, Barcelona, 2005.