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25.8.09

LA REPÚBLICA DE LA CONCIENCIA

















Cuando aterricé en la república de la conciencia
todo quedó en silencio al detenerse los motores
y se oyó un zarapito arriba, muy por encima de la pista de aterrizaje.

En inmigración, un funcionario muy viejo
que sacó una cartera de su chaqueta tejida a mano,
me enseñó una foto de mi abuelo.

La mujer de la aduana me pidió que declarara
las palabras de los antiguos remedios y ensalmos
para curar la mudez y evitar el mal de ojo.

No había mozos. Ni intérpretes. Ni taxi.
Tú debías llevar tus propios bultos y muy pronto
los síntomas de tus solapados privilegios desaparecían.

Seamus Heaney, "Desde la república de la conciencia", de La linterna del espino (1987) (La traducción es mía).
Imre Kinszki, Sin título (El puente y la niebla), (c. 1930)

12.8.09

SI TU, SI YO

















si yo Te amo
(se adensan
mundos habitados por errantes
severas lucientes hadas

si tú me
amas) distancia es mente delicadamente
encendida de gnomos incontables
Del total sueño

si nos amamos uno (con timidez)
a otro, lo que nubes hacen o Silenciosas
Flores raya en belleza
menor a nuestro aliento


Poema de e.e.cummings, traducción de Alfonso Canales

26.7.09

HAIKI DE FORMENTERA (1)



Acantilados
donde viven las olas
y las medusas











(La casa blanca estaba en lo alto del acantilado, en una calle cuidadosamente trazada donde se alineaban los perfectos jardines, todos de cara al mar. El mar era azul, tranquilo y bello. De vez en cuando pasaba un barquito pequeño con una vela blanca. La brisa agitaba las ramas del pino y la palmera y aventaba el perfume humilde del romero.

Bajando hacia las rocas el azul prístino del mar quedaba algo empañado y se veía que no era tan perfecto, porque en la zona rocosa entre tierra y mar se escondían algunos peligros pequeños: erizos, medusas, apenas un mal rato, un feo inconveniente, no una amenaza para la vida, desde luego, pero la perfección ya se había roto).

19.6.09

LA VENTANICA

















Una hija tiene el rey, una hija regalada,
su padre, por más valor, un castillo la fraguara:
ventanica alrededor, por donde el aire la entrara,
por donde le entraba el sol y el aire de la mañana;
por la más chiquita de ellas viene un gavilán y sale
con las sus alas abiertas y no le hace ningún male.
Bordando está un camisón para el hijo de la reina,
bordándolo está con oro, labrándolo está con seda
y, entre puntada y puntada, un aljófar y una perla.
—¿Por qué no cantas, mi bien? ¿por qué no cantas, la bella?
—Ni canto ni cantaré, que mi amor está en la guerra.
Y una carta escribiré, de mi puño y de mi letra:
que me traigan a mi amor, sano y vivo y sin cadenas.
Y si no me lo trajeren armaré una grande guerra
de navíos por el mar, de gente armada, por tierra.
Si no hubieren velas prontas, mi lindo pelo pusiera,
si no hubieren remos prontos, mis lindos brazos pusiera,
si no hubiere capitán, yo me echaré a la bandera
para que diga la gente: "mira, mira esa doncella
que por salvar a su amor se echó ella a la tormenta".

(Romance sefardí)

15.12.08

PIEDRAS, DARDOS, OLAS

El sol se hundía. La dura piedra del día estaba resquebrajada y la luz se colaba por las grietas. Rayos rojos y dorados, como rápidas flechas con plumas de tinieblas, traspasaban las olas. Sin orden ni concierto, vagaban destellantes rayos de luz, como señales emitidas por islas hundidas, o dardos disparados por entre matas de laurel por muchachos rientes y desvergonzados. Pero las olas, al acercarse a la playa, estaban privadas de luz, y caían en larga percusión, como un muro al derrumbarse, un muro de piedras grises en el que ni una raya de luz había perforado un orificio.

Las olas, Virginia Woolf, traducción de Andrés Bosch.

30.7.08

LA ISLA


Suaves eran en torno las líneas de la isla; entre el ramaje azulenco de los olivos se transparentaba un cielo más cargado; en el aire detenido había una fragancia que llenaba de gozo, los aromas de la tierra se fundían con el olor del mar: pino, menta y adelfas con la sal y las algas.

La isla, Gianni Stuparich (traducción de J.A.González Sainz).

12.6.08

PRIMAVERA ABSURDA


Tengo a mi pobre ganso algo abandonado. Demasiado trabajo, una difícil adaptación a esta primavera absurda y pasada por agua... Estoy leyendo las entrevistas a autores del libro de The Paris Review traducido por Raquel, y William Faulkner dice: "Si el escritor se concentra en lo que tiene que interesarse, que es la verdad y el corazón humano, no le quedará mucho tiempo para nada más..." Últimamente cada vez suscribo más esa forma de entender la literatura y menos la de los escritores (muchos) que se interesan sólo por la tensión dramática, por jugar con el lenguaje, por las descripciones minuciosas o por la acción, y que desprecian todo lo demás como “sentimentalismo”. Sé que quizá esto vaya contracorriente, pero qué le vamos a hacer. Estoy un poco harta de esa escritura eficaz y funcional, puramente utilitaria. Y también de la pirotecnia sin alma, por muy intelectual que resulte. Quiero leer cosas verdaderas. ¿Es tan difícil?

23.11.07

A NADIE

















Porque nada hay que eleve tanto
Como haber amado a un muerto o a una muerta
Se deviene tan puro que se llega
En los glaciares de la memoria
A confundirse con el recuerdo
Se es fuerte frente a la vida
Y ya no se necesita a nadie.


Fragmento de “La casa de los muertos” de Alcoholes, Guillaume Apollinaire, edición de Susana Constante y Alberto Cousté.



28.10.07

COMO OTOÑO


















Derriban gigantes de los bosques para hacer un durmiente,
Derriban los instintos como flores,
Deseos como estrellas
Para hacer sólo un hombre con su estigma de hombre.


Que derriben también imperios de una noche,
Monarquías de un beso,
No significa nada;
Que derriben los ojos, que derriben las manos como estatuas vacías,
Acaso dice menos.


Mas este amor cerrado por ver sólo su forma,
Su forma entre las brumas escarlata,
Quiere imponer la vida, como otoño ascendiendo tantas hojas
Hacia el último cielo,
Donde estrellas
Sus labios dan a otras estrellas,
Donde mis ojos, estos ojos,
Se despiertan en otros.


"Todo esto por amor", Luis Cernuda (de Un río, un amor).

21.9.07

DEVANT MA PORTE


Que sont mi ami devenu
Que j’avoie si près tenu
Et tant amé ?


Je cuit qu’il sont trop cler semé;
Il ne furent pas bien femé,
Si sont failli.

Itel ami m’ont mal bailli,
C’onques tant com Dieus m’assailli
En maint costé

N’en vi un seul en mon osté:
Je cuit li vens les m'a osté,
L’amor est morte:

Ce sont ami que vens emporte,
Et il ventoit devant ma porte;
Ses emporta


Complainte (fragmento), Rutebeuf (1230-1285)

29.7.07

ARROW

Black sweet blood mouthfuls,
Shadows.
Something else

Hauls me through air...
Thighs, hair;
Flakes from my heels.

White
Godiva, I unpeel...
Dead hands, dead stringencies.

And now I
Foam to wheat, a glitter of seas.
The child's cry

Melts in the wall.
And I
Am the arrow,

The dew that flies
Suicidal, at one with the drive
Into the red

Eye, the cauldron of the morning.

Ariel (fragmento), Sylvia Plath.

6.4.07

SUITE DE PASCUA (Y III)


Este poema siempre me ha gustado, por esa catarata de oclusivas y vibrantes (o sea, tes y erres) del principio que casi nos hace percibir el temblor del Gólgota, la tempestad que encapota el cielo y ruge en el momento en que muere Jesús. La naturaleza responde al dolor humano, como en el mito de Orfeo, prefigura crística. En un caso muere un hombre (divinidades aparte) acusado injustamente y a manos de otros hombres; en el otro, un hombre pierde a la mujer amada y la busca incluso más allá de la muerte.

Sin embargo el poema acaba con el dolor más amortiguado de las nasales y las bilabiales (alfombra, alfombra...), como quien extiende sobre el sufrimiento una capa de silencio.

5.4.07

SUITE DE PASCUA (II)



3.4.07

SUITE DE PASCUA (I)




Todos los poemas de lo que llamo "Suite de Pascua" son de Francisco Pino (Hay más, Hiperión, 1989, dentro del apartado "Diga mi noche").

17.11.06

ORO
























¡Los árboles deslumbrantes
del otoño, por la tarde,
en esos parajes limpios
del campo, cuando se han ido
todos, y no queda más
que uno con la soledad!
¡Las cosas que ellos nos dicen!
¡Los inmensos imposibles
que nos transparentan! -¡Oro
eterno nos quema los ojos!-
¡No acaba la hoja con sol,
ante nuestro corazón!


"Entretiempo", Juan Ramón Jiménez (de El silencio de oro)

Foto: Fageda d'en Jordà.

13.10.06

LAS NUECES


En la mano me come el otoño su hoja: somos amigos.
Pelamos el tiempo de las nueces y les enseñamos a andar:
el tiempo vuelve a la cáscara.

En el espejo es domingo
en el sueño se duerme,
dice verdad la boca.

Fragmento de 'Corona', de Amapola y memoria, Paul Celan (traducción de Jesús Munárriz).

16.9.06

LA VIDA ES TOZUDA


"La espera y el olvido, la ignorancia y el pensamiento afirmaban aquello que no se dejaba esperar en la espera, lo que no se dejaba olvidar en el olvido, lo que la ignorancia no ignoraba, lo no pensado del pensamiento.
El presente que les haría el olvido: la presencia libre de todo presente, sin relación con el ser, apartada de todo lo posible y de todo lo imposible."


La espera el olvido, de Maurice Blanchot (la versión es mía).

16.6.06

OSSI DI SEPPIA

Sul muro grafito
che adombra i sedili rari
l'arco del cielo appare
finito

Chi si ricorda più del fuoco ch'arse
impetuoso
nelle vene del mondo; ...in un riposo
freddo le forme, opache, sono sparse.

Rivedrò domani le banchine
e la muraglia e l'usata strada.
Nel futuro che s'apre le mattine
sono ancorate come barche in rada


Ossi di seppia, Eugenio Montale.

29.4.06

CERVANTES EN SEVILLA

"En abril de 1587, Cervantes llega a Sevilla para pretender un cargo de comisario de la Real Armada, uno entre cientos.
Cervantes se aloja en el barrio de la catedral, en una hospedería que regenta su amigo Juan Gutiérrez, antiguo actor. Le otorgan el cargo en septiembre. En esos meses intermedios, de ocio y poco negocio, ¿dónde para? ¿Qué hace?
En los próximos años Sevilla va a ser el puerto de amarre de Cervantes (Canavaggio). ¿Con qué gente se relaciona Cervantes en Sevilla? Camina y observa, mentideros, lonjas, tugurios, muelles. No hace vida literaria: ya ha pasado la edad de oro de la literatura sevillana, el cenáculo del conde Gelves, el divino Herrera y sus barandas, unos muertos y otros fuera de la ciudad. Cervantes no figura en la galería de sevillanos ilustres. Pasa desapercibido en la babilonia moderna. Es una figura más en el tumultuoso retablo. Explora la ciudad y sus gentes, no cabe duda. Podemos imaginarlo, callejeando, mirando las tiendas, conversando en los mentideros, mirando o participando en las mesas de juego. Echado en el camastro de su cuarto contempla el cielo por la ventana y proyecta su futuro. Desde el corredor con galería de madera podría contemplar, si no los tapara una fea tapia, los tejados de la hermosa plaza de San Francisco, donde están, amén del Ayuntamiento y la Audiencia, el convento y la Cárcel Real en la que más adelante dará con sus huesos de escritor. A través del tupido emparrado que sombrea el patio, asciende el vaho sonoro de los trajinantes, comerciantes, arrieros y criados que a estas horas se afanan en la improvisada lonja del vestíbulo.
Después de desprenderse del polvo y el cansancio del viaje con un baño tibio ?en cuba de madera calentada al sol? don Miguel se echa a la calle para explorar la ciudad. Es media mañana y bullen de animación las calles del centro, cuyos nombres evocan antiguos oficios y naciones: Tintoreros, Catalanes, Génova, Joyería, Tundidores, Batihojas, Canarios, Francos, Gallegos... Observa Cervantes, en las casas de una planta, todavía mal alineadas al estilo del burgo medieval que aún se resiste al urbanismo de la pujante ciudad renacentista, la agrupación de industriales y comerciantes en cofradías gremiales. Minúsculas tiendecitas, que son talleres al propio tiempo, invaden la calle para exhibir su mercancía. Un enjambre de paseantes desocupados y pilluelos sin oficio curiosea entre los tenderetes manoseando los artículos expuestos bajo la vigilante mirada de celosos custodios. Más que las mercancías, atrae la atención del novelista el exhaustivo muestrario de tipos humanos que se despliega ante sus ojos: abarrotan la calle hombres viejos o jóvenes, altos o bajos, rubios o morenos, elegantes e indigentes, perfumados o malolientes, y todas las gradaciones y combinaciones posibles de esos extremos, en apretada y multicolor mezcolanza. Casi todos van a pie, pero no faltan los que navegan por medio de la marea humana a caballo o en mansa mula, algunos en coche. El parque móvil de la ciudad cuenta con medio millar de carrozas, cifra elevadísima para la época.
Nadie parece tener prisa. Cuando paisanos o conocidos se tropiezan, se saludan afectuosamente y se detienen a transmitirse los comadreos locales o a comentar las últimas noticias llegadas de lejana patria. Otros forman corrillos en las esquinas en torno al pregonero o, si se acerca la hora de comer, junto a los puestos de salchichas o empanadas."

Fragmento de "El Quijote en Sevilla" de Juan Eslava Galán, en República de las Letras, nº 9 (extra), diciembre de 2005, "La Sevilla de Cervantes. El Quijote: El mercado y la crítica".

(Dedicado a La Venexiana)

20.4.06

LA LUNA ESTÁ ARRIBA, DEBAJO


ANTISALMO 45

1. ¡Qué raro es esto! Pero es así. Los filósofos habitan las aulas, los reyes los palacios, los poetas las musarañas.
¡Qué raro es esto!


2. ¡Qué raro es esto! Los leones habitan los desiertos, las gallinas los patios, los pobres las chabolas.
¡Qué raro es esto!


3. Y esto es la Tierra y la Tierra es esto.
Y hemos nacido al aire y nos dan tierra. ¡Qué raro es esto!

4. La luna está arriba
debajo.



Al conjunto del antisalmo 45
Los hechos son así, raros como los peces. Se busca una caña y se les pesca; cuando están muertos, en el serillo, nos los explicamos, no antes. Vivos, son tan inexplicables como el mismo pescador que no sabemos por qué pesca. Las cosas son así en la Tierra, raras. Tan raras como la tierra.

Francisco Pino, Antisalmos, Hiperión, 1978.