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10.10.10

FRAGMENTOS DE UN CUBO BLANCO


A medida que el modernismo envejece, el contexto se convierte en el contenido.

Los sistemas, al ser más fáciles de entender que el arte, dominan la historia académica […] El progreso se puede definir como aquello que ocurre cuando se elimina la oposición.

Ahora el espacio no es sólo allí donde ocurren cosas; las cosas hacen que ocurra el espacio.

Igual que los “sistemas” fueron una obsesión del siglo XIX, la “percepción” lo fue del XX. Media entre los objetos y la idea y los incluye a ambos.

En su aspecto más serio, la relación artista/público se puede ver como la prueba del orden social mediante proposiciones radicales y como absorción de esas proposiciones por el sistema de apoyo (galerías, museos, coleccionistas, incluso revistas y críticos) evolucionados para intercambiar éxito por anestesia social.

Un gesto es antiformal (en contra de la aceptación de que el arte reside dentro de su categoría) y puede estar enfrentado a la suave teleología del resto del trabajo de su perpetrador. Un artista no puede hacer una carrera sólo de gestos, a menos que, como On Karawa, su gesto repetido sea su carrera.

La escena artística en cualquier gran centro es siempre una necrópolis de estilos y artistas, un columbario visitado y estudiado por críticos, historiadores y coleccionistas.

Fragmentos de Inside the White Cube, de Brian O'Doherty. (La traducción es mía).
White Cube; 1998; Instalación en la galería Orchard, Derry, Irlanda del Norte. Patrick Ireland (Brian O'Doherty)

30.4.10

ESCENA MUDA


Hacía sol, y sin embargo de repente empezaron a caer unos goterones grandes y sueltos, que luego fueron arreciando hasta convertirse en un fuerte chaparrón. Pero seguía haciendo sol. Los ciclistas llevaban el pelo mojado, los peatones cruzaban a la carrera, había algo de travesura en sus gestos.
El autobús subía lentamente por el paseo soleado, parándose en cada semáforo. Los árboles tenían un color muy tierno, un verde primaveral, refrescado por la lluvia. Y entre las ramas se colaban los rayos de sol en un juego encantador de luces y brillos.
Las dos mamás jóvenes estaban con sus paraguas en los jardines del centro del paseo, una con una niñita en brazos, otra con un niño en un cochecito. Se habían parado a mirar el espectáculo y los niños palmoteaban, felices. Las mamás se balanceaban al unísono, siguiendo el mismo ritmo, y cantaban. No hacía falta oírlas para saber lo que cantaban: “Plou i fa sol, les bruixes es pentinen...”

3.4.10

SÁBADO SANTO


Estábamos tomando algo sentados en la mesa de un bar. De la calle llegaron de pronto gritos y bocinazos insistentes de los coches. “¿Qué ha pasado?”, preguntamos, sin saber muy bien a quién. El hombre que estaba detrás del mostrador se agachó y sacó un trozo de tela grande, muy doblado, que desplegó con un gesto amplio de los brazos. La tela era roja, toda roja. “Que lo han legalizado”, dijo, con la voz llena de emoción. Saltaban, se abrazaban.

Roberth Motherwell:Elegy to the Spanish Republic 126,1965-1975

12.3.10

A PESAR DE TODO

La esperanza es una flor tenaz. Renace entre los escombros. Se abren sus pétalos a pesar de todo, bajo capas y capas de tierra, basura, humus, residuos, restos, sobras, desechos, lágrimas, gestos furtivos, dolor, ignorancia, acoso, mañanas grises de invierno, nevadas, apagones, resistencias inútiles, mensajes tranquilizadores, gritos inoportunos, verdades trascendentales perdidas en una hojarasca de papeleos... A pesar de todo ello o precisamente por todo ello, por las ocultaciones y las intemperancias, por los recuerdos y los olvidos, por las ansias y los espejismos, siguen naciendo pétalos en esa flor tenaz. Rápidamente, los humanos reivindicamos nuestra realidad, la que imaginamos y sentimos y somos incapaces de demostrar, con un entusiasmo y una ferocidad que sorprenden. Es más real para nosotros que cualquier cosa que suceda de verdad. Fervorosos, nos aferramos a lo que creemos que tenemos, a lo que creemos que somos. Desde fuera resulta un juego vertiginoso, aterrador, cuando se expresa públicamente, cuando los papeles que se representan son estelares (el presidente que cree salvar el mundo, el creyente manifestándose con el corazón henchido de ofensa y susceptibilidad en defensa de una mentira gigantesca que ha engullido su vida, el artista que cree en los gestos vacíos y caducos de un arte que considera suyo y que no representa nada, el ciudadano justo que cree defender una causa justa, el vocinglero que cree legítimo llamar la atención...)
Sin embargo ahí está, con sus pétalos recién abiertos, ahí sigue, intacta, con la que está cayendo, esa flor tenaz.

(Obra de Jorge Perianes)

27.1.10

EL PUENTE

Hay un puentecito de piedra sobre el río. Llueve y es verano y la tormenta ha sorprendido a los chicos en pleno campo. Corren felices y mojados. Es tarde, llegan tarde al colegio y el aliento forma una nubecilla al salir y la cartera pesa y las rodillas están rojas del frío. Alguien tira furtivamente algo desde el puente, a oscuras, un anochecer neblinoso o lluvioso o frío y gris. Una colilla, una carta arrugada, un paquete misterioso. El musgo ha invadido las piedras y arriba se oye el taconeo que se aleja, tras-tras, tras-tras. Una bicicleta desvencijada traquetea. Cesa de llover y salen a buscar caracoles con botas de agua y con impermeables de lona encerada y vuelven ya oscurecido a la luz de la linterna con las manos manchadas de baba brillante y las bolsas repletas. La tormenta de granizo rompió los brotes verdes y los desparramó por el suelo. Inundó los hormigueros y se llevó muy lejos sus depósitos repletos de hojas y semillas, y los excrementos de las cabras.
Bajo el puentecito de piedra se acumula el musgo y hay remansos donde el agua también lleva un vestido verde y viven los zapateros con sus zancos. Por encima del puentecito de piedra pasa una bicicleta desvencijada, pasan unas muchachas cogidas del brazo, pasa una moto, pasa un coche, pasa un hombre que silba con las manos en los bolsillos y tira una colilla, pasa un niño con su cartera camino del colegio, pasa una niña con el vestido recogido y el halda llena de cerezas, pasa un padre con un niñito subido a los hombros y contemplando el mundo desde esa atalaya feliz y segura, pasa una mujer corriendo aterrorizada, corriendo feliz y sonrojada, corriendo seria y concentrada, corriendo porque llega tarde.
La tormenta que ha ido fraguándose todo el día descarga con fuerza, pero ya se adivina el aire ozonado y limpio que dejará después y se respira mejor, a pesar de la inminencia de las ramas tronchadas y los arroyos que inundarán hormigueros y madrigueras.
Llueve sobre el puentecito de piedra y se moja, llueve otra vez, se seca, se vuelve a mojar, se vuelve a secar. Se hiela y reverdece, la niebla lo envuelve y de nuevo lo seca el sol. Se podría hacer una película en la que apareciese sólo el pequeño puente de piedra sobre el río, un pequeño fragmento de tiempo, de eternidad, por el que pasan las gentes, pasan sin cesar y nunca dicen nada. Sería bonito ver a los niños con sus caracoles, a la niña con sus cerezas, a la mujer que corría, al hombre que silbaba.

Rembrandt van Rijn, "Paisaje con un puente de piedra", 1638

12.1.10

ESTO ES EL SILENCIO

John Cage decía que el silencio no es ausencia de sonido, sino el conjunto de sonidos anárquicos, no deliberados, de la vida que nos rodea. Esos ruidos accidentales componen nuestra banda sonora.
Una tarde cualquiera de verano, a la hora de la siesta, en esta casa, en esta calle por la que no pasan coches, se oye de fondo esa banda sonora amortiguada. Desde el patio: dos radios o televisiones superpuestas, una con música ratonera, otra con una locutora que no para de hablar. La voz de Mahmud, el encargado de la pensión de abajo, que habla con alguien en árabe, trastea, luego pone la lavadora. Las campanas de la catedral.
Desde la calle: golpeteo de martillos y el chirrido de una radial a lo lejos, desde la obra de la casa de al lado. Una moto que pasa. Unos bajos (sólo los bajos) de una música machacona.
Una mañana cualquiera después de Navidad, en esta casa, en esta calle por la que no pasan coches, con los niños en el colegio, los adultos en el trabajo y los turistas en sus casas, ahora que es invierno y las ventanas están cerradas, se oye respirar a la propia casa: el zumbido monótono de la nevera, los leves chasquidos de la estufa, un ronroneo lejano que es la lavadora de algún vecino centrifugando, los crujidos de la vigas al caminar los vecinos de arriba, otro zumbido monótono, en otro tono, que es el ordenador encendido, mis dedos al teclear...

Esto es el silencio.

10.12.09

CAMBIO DE VIDA

Si guardaste el ticket de la vida, igual puedes cambiarla por otra...

21.9.09

ELLOS Y ELLAS

La sala de conciertos era pequeña, había gente, pero se podía ver la actuación con comodidad. La pareja era un poco discordante: él bastante alto, muy fornido, con unos brazos musculosos que resaltaba una camiseta ceñida, tatuajes, la cabeza rapada y unos rasgos fuertes y marcados, muy masculino, hasta un poco amenazador, con sus manos grandes y su aspecto de “duro”. Ella en cambio era menuda, morena, delgada, apenas le llegaba a él al hombro...

En un momento del concierto él no la vio a su lado y la buscó con la vista: la chica, cansada o quizá algo indispuesta, se había retirado hacia atrás y se había sentado en el suelo al fondo, apoyada en una pared. El gesto preocupado de él al buscarla, cómo corrió hacia ella, cómo se agachó a su lado, la delicadeza con que le tocó la cara y le habló, todo en la actitud de aquel gigantón temible hablaba del cuidado y del temor por su chica.

Pensé en cómo nos aman ellos, los hombres que sí aman a las mujeres, lo tierno que resulta su amor por nosotras, ese temor a que nos pase algo, esa solicitud, esa contención que deben poner en todos sus gestos, ese cariño con el que se acercan a nosotras y colocan a nuestros pies sus cuerpos duros y a veces hasta algo amenazadores y se someten al frágil dogal de nuestras manos y a nuestra necesidad de cambiar las cortinas y buscar lámparas para el salón, esa sabia servidumbre del sexo que nos hace tan compatibles, siendo tan distintos...

Fotograma de Guys and Dolls de Joseph L. Mankiewicz (1955) (Marlon Brando y Jean Simmons en un cabaret de La Habana)

9.9.09

INSOMNIO

La noche es interminable. Hay tiempo. Se amontonan los resplandores fluorescentes del minutero, pero cuando queremos alzar las copas rebosantes de los párpados y brindar por el amanecer aún es pronto, nos indica la leve rendija de luz que aún hay tiempo, que se nos ha permitido saborear el amargo cacao del duermevela un poco más. Durante horas, el sueño merodeó en torno sin decidirse a entrar. Una a una las horas se deslizaron a gatas por el túnel alambicado del insomnio. En las retinas anidaba una imagen que la mente quería empujar al precipicio del olvido, pero el cálido abrazo de la sábana era un lienzo acogedor donde se pintaba ese rostro anegado en murmullos incomprensibles e indefinibles formas. Desfile cruel, los soldados del recuerdo marcaban un compás impío, como páginas arrancadas a libros antiguos: cada palabra es un lazo de seda más, una gota de agua más, otra vuelta de tuerca. De momento no vienen los monstruos con sus deformes miembros a espantar el sueño y alojarse en nuestra vigilia poblada de fantasmas. No, ahora no hay motivo. Es sólo un exceso de recuerdos, un exceso de tiempo, porque la noche no acaba nunca...

Tiziano, "Venus de Urbino", 1538 (fragmento)

6.8.09

FELICIDAD PORTÁTIL











Risas etílicas pasan junto a mi ventana incesantemente. Pasan y hablan los trasnochadores, y sus voces estridentes cuentan una historia de felicidad falsa y atolondrada, felicidad momentánea de vaso y botella. Esa felicidad portátil, sin embargo, ese atisbo de paraíso entre dos charcos y una vejiga oprimida, puede bastar a veces. ¿Por qué no? ¿Por qué va a ser menos legítima esa felicidad que la de otros que se creen seguros, que se creen normales? ¿Por qué va a ser menos legítima que otras felicidades algo rancias de jersey de cachemir y pantufla, esa felicidad de televisor de plasma, de roscón de Reyes, de coche nuevo, de tarta nupcial, de decoración de todo a cien, de viernes por la tarde, de fin de hipoteca, de café con leche y pastas, de álbum familiar, de balance de resultados, de órgano y catedral, de restaurante con camareros de pajarita, de salida de la peluquería, de perro meneando el rabo, de gato ronroneando, de toda la vida...?

Sonia Delaunay, Le Bal Bullier, 1913.

30.7.09

HAIKI DE FORMENTERA (Y 4)



Sube la luna
y se queda colgada
detrás del pino











(Cada noche se escondía un astro como una bola roja tras la punta de la Gavina y la gente se reunía en el Mirador de la Mola para verlo morir (sólo por un día) envuelto en un sudario morado, naranja y amarillo, con el estanque de plata del mar a sus pies y los negros recovecos de la costa donde viven las medusas enmarcando las estelas de los barquitos.

Cada noche salía un planeta disparado hacia el cielo desde la punta de Sa Creu, en la Ensenada de la Tramontana, y en su trayectoria vertical ascendente se iba volviendo más luminoso, más blanco, como una señal equívoca, un faro en la negritud del cielo.

Cada día un satélite empezaba su recorrido celeste mucho antes de que la luz se hubiese apagado y hubieran aparecido las estrellas, blanco, algo achatado por un lado, cada día más redondo y más perfecto.)

29.7.09

HAIKI DE FORMENTERA (3)





El cormorán
se lavaba las alas
entre las olas










(Animales molestos: medusas, mosquitos.

Animales indefensos: un pajarillo caído del nido.

Animales curiosos: lirones, lagartijas.

Animales con nombre: el gato de Klaus, el gatito negro del Còdol Foradat.

Animales alados: los gorriones que piaban sin cesar, las gaviotas que hablaban entre sí en pleno vuelo, el cormorán que se bañaba en el mar.)

28.7.09

HAIKI DE FORMENTERA (2)




En la piscina
música veraniega:
una cigarra.














(Junto a la piscina crecía un almendro, dos sabinas, y por encima de la tapia que la separaba de la casa asomaban las flores de un rosa estallante de una enorme azalea, junto al tejado con sus tejas onduladas. Allí sólo se oía el runrún del motor de la piscina que renovaba el agua, las cigarras aposentadas en las sabinas con su matraca incesante, el agua de la piscina que chapoteaba contra los baldosines azules, donde morían algunas avispas, el ladrido de algún perro de otra casita blanca en las inmediaciones, el motor de algún coche, algunas risas, algunas voces lejanas que venían de la casa Laxmi, o de la Casa Nueva, o de la casa Loma).

26.7.09

HAIKI DE FORMENTERA (1)



Acantilados
donde viven las olas
y las medusas











(La casa blanca estaba en lo alto del acantilado, en una calle cuidadosamente trazada donde se alineaban los perfectos jardines, todos de cara al mar. El mar era azul, tranquilo y bello. De vez en cuando pasaba un barquito pequeño con una vela blanca. La brisa agitaba las ramas del pino y la palmera y aventaba el perfume humilde del romero.

Bajando hacia las rocas el azul prístino del mar quedaba algo empañado y se veía que no era tan perfecto, porque en la zona rocosa entre tierra y mar se escondían algunos peligros pequeños: erizos, medusas, apenas un mal rato, un feo inconveniente, no una amenaza para la vida, desde luego, pero la perfección ya se había roto).

18.5.09

SENTIMENTAL

Soy una sentimental absurda e incorregible. Le compro las flores a un florista de las Ramblas, un gitano catalán muy amable y digno, porque un día le vi despedirse de sus dos niños, que se iban con su madre a casa, y comérselos a besos, literalmente.


Foto: Anigozanthus rufus (pata de canguro)

16.4.09

ALLÍ


Allí donde nadie cree en el diablo no hay exorcistas. Allí donde nadie cree en milagros ni apariciones no hay santos, ni apóstoles, ni mesías, ni sacerdotes. Allí donde nadie cree en la magia no hay chamanes, ni brujas, ni brujos, ni curanderos, ni gurús. Allí donde nadie cree en fantasmas no hay médiums ni videntes. Allí donde nadie se deja engañar, no hay engaño.

Josef Albers, Interactions of Color, 1963

16.3.09

PREFIERO


Prefiero lo bueno y breve, y a un toma prefiero dos te daré. Prefiero el café negro y el chocolate espeso. Prefiero la versión original, el libro sin abrir, la rosa sin tocar. Prefiero la pausa, pero a veces la prisa. Prefiero, siempre, a los que me prefieren.





Paul Blanca, The Rose, 2000

10.3.09

LOS AMANTES

Los amantes están ilusionados, son jóvenes, sienten que les devora una locura y una embriaguez que los vuelve bellos, bellos, inmortales e invencibles, así es como se sienten y no ponen esas caritas de asco de los actores en las películas seudo-artísticas y seudo-intelectuales, no están de vuelta de todo, no quieren suicidarse, no practican fetichismos extraños, no dejan de verse un día de repente sin saber por qué atormentados por rarezas kafkianas, no desencadenan dramas familiares, no matan por celos, no mueren estrellados con su coche ni hay bandas rivales, en fin, que son felices, salvajes, egoístas, despiadados, impúdicos en su entrega y su felicidad, ahí revueltos, entrelazados, frenéticos, hartos de piel, de beso y de refriega.

Kitagawa Utamaro: amantes del "Poema de la almohada" (Uta makura)

28.1.09

MODOS DE VER



















¿Por qué será que hay personas que sufren rodeadas de fealdad, y otras en cambio que parecen inmunes?

Helio Oiticica, Sin título, 1956.

10.1.09

ADIÓS AL FLÂNEUR

Pasear por el centro de la ciudad ya no es una actividad ociosa como la del flâneur arquetípico del diecinueve. Ya no se puede caminar tranquilamente por paseos, callejuelas, aceras y bulevares. Ahora pasear por el centro de la ciudad es un ejercicio constante de evitación. Rehuir a las multitudes. Esquivar a los grupos de turistas con su guía que ocupan las aceras en un tropel compacto, impenetrable y ciego, como ñúes en estampida en el delta del Okavango. Rehuir los ojos de mendigos, vagabundos, vendedores ambulantes, locos que hablan solos, excéntricos, gitanillas rumanas que recogen firmas con excusas falsas o que te quieren vender una flor, mimos pintarrajeados, estatuas humanas pintarrajeadas, payasos, trileros, manguis que acechan tu bolso, chicos y chicas que hacen encuestas o te apuntan a Greenpeace o a Intermon Oxfam, viejos verdes que murmuran obscenidades incomprensibles, papás y mamás con sus cochecitos de bebé embistiendo todo lo que se les pone por delante, adolescentes gritones, compradores compulsivos cargados de bolsas, abuelitas inestables precariamente apoyadas en sus bastones o sus andadores o sus carros de la compra, bongo-perros piojosos, hoolingans, inglesitas de despedida de soltera con una polla de trapo en la cabeza, marilolis de barrio cogidas del brazo y buscando guerra, lateros, repartidores de propaganda, parejas acarameladas, skaters, turistas y turistas y más turistas...


Imagen: Antonio Saura, Foule (fragmento), 1962.