30.4.10

ESCENA MUDA


Hacía sol, y sin embargo de repente empezaron a caer unos goterones grandes y sueltos, que luego fueron arreciando hasta convertirse en un fuerte chaparrón. Pero seguía haciendo sol. Los ciclistas llevaban el pelo mojado, los peatones cruzaban a la carrera, había algo de travesura en sus gestos.
El autobús subía lentamente por el paseo soleado, parándose en cada semáforo. Los árboles tenían un color muy tierno, un verde primaveral, refrescado por la lluvia. Y entre las ramas se colaban los rayos de sol en un juego encantador de luces y brillos.
Las dos mamás jóvenes estaban con sus paraguas en los jardines del centro del paseo, una con una niñita en brazos, otra con un niño en un cochecito. Se habían parado a mirar el espectáculo y los niños palmoteaban, felices. Las mamás se balanceaban al unísono, siguiendo el mismo ritmo, y cantaban. No hacía falta oírlas para saber lo que cantaban: “Plou i fa sol, les bruixes es pentinen...”

3.4.10

SÁBADO SANTO


Estábamos tomando algo sentados en la mesa de un bar. De la calle llegaron de pronto gritos y bocinazos insistentes de los coches. “¿Qué ha pasado?”, preguntamos, sin saber muy bien a quién. El hombre que estaba detrás del mostrador se agachó y sacó un trozo de tela grande, muy doblado, que desplegó con un gesto amplio de los brazos. La tela era roja, toda roja. “Que lo han legalizado”, dijo, con la voz llena de emoción. Saltaban, se abrazaban.

Roberth Motherwell:Elegy to the Spanish Republic 126,1965-1975

12.3.10

A PESAR DE TODO

La esperanza es una flor tenaz. Renace entre los escombros. Se abren sus pétalos a pesar de todo, bajo capas y capas de tierra, basura, humus, residuos, restos, sobras, desechos, lágrimas, gestos furtivos, dolor, ignorancia, acoso, mañanas grises de invierno, nevadas, apagones, resistencias inútiles, mensajes tranquilizadores, gritos inoportunos, verdades trascendentales perdidas en una hojarasca de papeleos... A pesar de todo ello o precisamente por todo ello, por las ocultaciones y las intemperancias, por los recuerdos y los olvidos, por las ansias y los espejismos, siguen naciendo pétalos en esa flor tenaz. Rápidamente, los humanos reivindicamos nuestra realidad, la que imaginamos y sentimos y somos incapaces de demostrar, con un entusiasmo y una ferocidad que sorprenden. Es más real para nosotros que cualquier cosa que suceda de verdad. Fervorosos, nos aferramos a lo que creemos que tenemos, a lo que creemos que somos. Desde fuera resulta un juego vertiginoso, aterrador, cuando se expresa públicamente, cuando los papeles que se representan son estelares (el presidente que cree salvar el mundo, el creyente manifestándose con el corazón henchido de ofensa y susceptibilidad en defensa de una mentira gigantesca que ha engullido su vida, el artista que cree en los gestos vacíos y caducos de un arte que considera suyo y que no representa nada, el ciudadano justo que cree defender una causa justa, el vocinglero que cree legítimo llamar la atención...)
Sin embargo ahí está, con sus pétalos recién abiertos, ahí sigue, intacta, con la que está cayendo, esa flor tenaz.

(Obra de Jorge Perianes)

27.1.10

EL PUENTE

Hay un puentecito de piedra sobre el río. Llueve y es verano y la tormenta ha sorprendido a los chicos en pleno campo. Corren felices y mojados. Es tarde, llegan tarde al colegio y el aliento forma una nubecilla al salir y la cartera pesa y las rodillas están rojas del frío. Alguien tira furtivamente algo desde el puente, a oscuras, un anochecer neblinoso o lluvioso o frío y gris. Una colilla, una carta arrugada, un paquete misterioso. El musgo ha invadido las piedras y arriba se oye el taconeo que se aleja, tras-tras, tras-tras. Una bicicleta desvencijada traquetea. Cesa de llover y salen a buscar caracoles con botas de agua y con impermeables de lona encerada y vuelven ya oscurecido a la luz de la linterna con las manos manchadas de baba brillante y las bolsas repletas. La tormenta de granizo rompió los brotes verdes y los desparramó por el suelo. Inundó los hormigueros y se llevó muy lejos sus depósitos repletos de hojas y semillas, y los excrementos de las cabras.
Bajo el puentecito de piedra se acumula el musgo y hay remansos donde el agua también lleva un vestido verde y viven los zapateros con sus zancos. Por encima del puentecito de piedra pasa una bicicleta desvencijada, pasan unas muchachas cogidas del brazo, pasa una moto, pasa un coche, pasa un hombre que silba con las manos en los bolsillos y tira una colilla, pasa un niño con su cartera camino del colegio, pasa una niña con el vestido recogido y el halda llena de cerezas, pasa un padre con un niñito subido a los hombros y contemplando el mundo desde esa atalaya feliz y segura, pasa una mujer corriendo aterrorizada, corriendo feliz y sonrojada, corriendo seria y concentrada, corriendo porque llega tarde.
La tormenta que ha ido fraguándose todo el día descarga con fuerza, pero ya se adivina el aire ozonado y limpio que dejará después y se respira mejor, a pesar de la inminencia de las ramas tronchadas y los arroyos que inundarán hormigueros y madrigueras.
Llueve sobre el puentecito de piedra y se moja, llueve otra vez, se seca, se vuelve a mojar, se vuelve a secar. Se hiela y reverdece, la niebla lo envuelve y de nuevo lo seca el sol. Se podría hacer una película en la que apareciese sólo el pequeño puente de piedra sobre el río, un pequeño fragmento de tiempo, de eternidad, por el que pasan las gentes, pasan sin cesar y nunca dicen nada. Sería bonito ver a los niños con sus caracoles, a la niña con sus cerezas, a la mujer que corría, al hombre que silbaba.

Rembrandt van Rijn, "Paisaje con un puente de piedra", 1638

12.1.10

ESTO ES EL SILENCIO

John Cage decía que el silencio no es ausencia de sonido, sino el conjunto de sonidos anárquicos, no deliberados, de la vida que nos rodea. Esos ruidos accidentales componen nuestra banda sonora.
Una tarde cualquiera de verano, a la hora de la siesta, en esta casa, en esta calle por la que no pasan coches, se oye de fondo esa banda sonora amortiguada. Desde el patio: dos radios o televisiones superpuestas, una con música ratonera, otra con una locutora que no para de hablar. La voz de Mahmud, el encargado de la pensión de abajo, que habla con alguien en árabe, trastea, luego pone la lavadora. Las campanas de la catedral.
Desde la calle: golpeteo de martillos y el chirrido de una radial a lo lejos, desde la obra de la casa de al lado. Una moto que pasa. Unos bajos (sólo los bajos) de una música machacona.
Una mañana cualquiera después de Navidad, en esta casa, en esta calle por la que no pasan coches, con los niños en el colegio, los adultos en el trabajo y los turistas en sus casas, ahora que es invierno y las ventanas están cerradas, se oye respirar a la propia casa: el zumbido monótono de la nevera, los leves chasquidos de la estufa, un ronroneo lejano que es la lavadora de algún vecino centrifugando, los crujidos de la vigas al caminar los vecinos de arriba, otro zumbido monótono, en otro tono, que es el ordenador encendido, mis dedos al teclear...

Esto es el silencio.

10.12.09

CAMBIO DE VIDA

Si guardaste el ticket de la vida, igual puedes cambiarla por otra...

9.11.09

CAZADOR EN EL ALBA
















Las muchachas, cogidas del brazo, lanzaban discos de risas: arandelas eléctricas, giratorias, a lo largo de los alambres del telégrafo.
Los trenes -despeinados, heridos- se doblaban sobre un costado. Abrían gritos de espanto. Desgarraban el paisaje.
Los camiones pasaban revista a cristaleras sobrecogidas.


IN MEMORIAM: FRANCISCO AYALA


Francisco Ayala, fragmento de "El boxeador y un ángel" (1929)
Luigi Russolo, "Dinamismo de un tren" (1912)

9.10.09

OTOÑO DE ARTE


De este otoño pródigo en exposiciones y actividades relacionadas con el mundo del arte (“El siglo del jazz” y Docúpolis en el CCCB, Maurice Vlaminck en el Caixaforum, “Modernologies” en el MACBA, etc. etc.) destaco estas dos visitas más reducidas pero que me gustaron especialmente:

Galería Ferran Cano, Pl. Duc de Medinaceli, 6 (dentro del “Tardorart”, otoño del arte celebrado conjuntamente por diversas galerías barcelonesas).
Fotos del artista mallorquín Joan Sastre (“Dime con qué andas”). Fotos de gran formato de diversas personas, cada una con su coche. El local de la galería, un antiguo sótano con bóvedas de ladrillo y multitud de arcos, es realmente bonito. El autor, amabilísimo, nos estuvo explicando el proceso de realización de todas aquellas fotos. Nos ofrecieron un vermut, nos regalaron un precioso catálogo de otra serie de fotos del mismo autor, “Caragols”, con desnudos sobre los que pasean unos caracoles... La exposición es muy recomendable (dura hasta el 6 de noviembre).

Centre d'Art Santa Mónica, Rambla 7:
“Freqüències” de Eugènia Balcells (hasta el 29 de noviembre). Tres instalaciones con la luz y el color como elemento fundamental, de una belleza extraordinaria. Un pasillo de color y espejos que es como introducirse en el interior de un caleidoscopio, una sala oscura donde, sobre unos lienzos que giran sin parar, se proyectan fragmentos de películas y documentales, con una combinación de imagen, color y música absolutamente sugerentes... Se pasaría uno todo el día allí dentro...

21.9.09

ELLOS Y ELLAS

La sala de conciertos era pequeña, había gente, pero se podía ver la actuación con comodidad. La pareja era un poco discordante: él bastante alto, muy fornido, con unos brazos musculosos que resaltaba una camiseta ceñida, tatuajes, la cabeza rapada y unos rasgos fuertes y marcados, muy masculino, hasta un poco amenazador, con sus manos grandes y su aspecto de “duro”. Ella en cambio era menuda, morena, delgada, apenas le llegaba a él al hombro...

En un momento del concierto él no la vio a su lado y la buscó con la vista: la chica, cansada o quizá algo indispuesta, se había retirado hacia atrás y se había sentado en el suelo al fondo, apoyada en una pared. El gesto preocupado de él al buscarla, cómo corrió hacia ella, cómo se agachó a su lado, la delicadeza con que le tocó la cara y le habló, todo en la actitud de aquel gigantón temible hablaba del cuidado y del temor por su chica.

Pensé en cómo nos aman ellos, los hombres que sí aman a las mujeres, lo tierno que resulta su amor por nosotras, ese temor a que nos pase algo, esa solicitud, esa contención que deben poner en todos sus gestos, ese cariño con el que se acercan a nosotras y colocan a nuestros pies sus cuerpos duros y a veces hasta algo amenazadores y se someten al frágil dogal de nuestras manos y a nuestra necesidad de cambiar las cortinas y buscar lámparas para el salón, esa sabia servidumbre del sexo que nos hace tan compatibles, siendo tan distintos...

Fotograma de Guys and Dolls de Joseph L. Mankiewicz (1955) (Marlon Brando y Jean Simmons en un cabaret de La Habana)

9.9.09

INSOMNIO

La noche es interminable. Hay tiempo. Se amontonan los resplandores fluorescentes del minutero, pero cuando queremos alzar las copas rebosantes de los párpados y brindar por el amanecer aún es pronto, nos indica la leve rendija de luz que aún hay tiempo, que se nos ha permitido saborear el amargo cacao del duermevela un poco más. Durante horas, el sueño merodeó en torno sin decidirse a entrar. Una a una las horas se deslizaron a gatas por el túnel alambicado del insomnio. En las retinas anidaba una imagen que la mente quería empujar al precipicio del olvido, pero el cálido abrazo de la sábana era un lienzo acogedor donde se pintaba ese rostro anegado en murmullos incomprensibles e indefinibles formas. Desfile cruel, los soldados del recuerdo marcaban un compás impío, como páginas arrancadas a libros antiguos: cada palabra es un lazo de seda más, una gota de agua más, otra vuelta de tuerca. De momento no vienen los monstruos con sus deformes miembros a espantar el sueño y alojarse en nuestra vigilia poblada de fantasmas. No, ahora no hay motivo. Es sólo un exceso de recuerdos, un exceso de tiempo, porque la noche no acaba nunca...

Tiziano, "Venus de Urbino", 1538 (fragmento)